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Parsis: la religión amable

Son los Parsis, una comunidad religiosa que viajó desde Persia (Iran) hasta la India hace de ello mil años. Son muy pocos; una gota entre un océano de Hindúes, pero tienen un extraordinario poder económico, industrial y cultural en este formidable país. Su religión se pierde en la memoria de la humanidad. Su Dios se llama Aura-Mazda y su profeta, Zaratustra. Practican una religión amable y solidaria que tiene, en cambio, reservado el derecho de admisión; no hacen apostolado, de tal forma que solo es Parsi quién nace Parsi. Los perritos son para ellos animales sagrados........

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La apasionante vida de las hormigas. Amor y guerra en el hormiguero

La vida de Sonia no es nada fácil. Su madre no la puede atender como ella se merece. No es de extrañar, Sonia tiene veinte millones de hermanos. Sonia es una hormiga y la sorprendemos en un momento importante de su vida: se muda de casa. Esta es la Primera Parte de un viaje al mundo de las hormigas del que nos encontramos tan satisfechos que se encuentra entre nuestros favoritos. No es para menos, estos seres diminutos serían los dueños del planeta si no tuvieran tantos enemigos. La fotografía es de Andrey Pavlov

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Venenos. Envenenadores y envenenados.

Os presentamos la serie Veneno. Unas entradas (post) de los que estamos bien satisfechos. Nos ha costado lo suyo pero ha merecido la pena. Después de documentarnos como lo hemos hecho no somos ya los mismos. Pensamos que las sepulturas están llenas de pobres infelices a los que alguién, que no les quería nada, les ha enviado al otro mundo antes de lo que era menester. Y no son casos contados, son miles, decenas de miles.........quién sabe. En cualquier caso bastantes más de los que pensamos ¿Exageramos? Bueno, juzga tu mismo y lee

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La historia del pañal

Estos pantalones sin entrepierna que utilizan los niños de corta edad en China se llaman "kaidangku" y tienen ya un largo recorrido. Al parecer se utilizan en China desde la época de Mao. Están en vías de extinción y poco a poco son sustituidos por los pañales desechables. En Occidente, sin embargo, los pañales de un sólo uso se ven cuestionados y regresa el pañal reutilizable...

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Marca España: Una historia de ovejitas

La epopeya de esta ovejita no tiene nombre. Fueron dueñas de La Península Ibérica durante siglos. Cuidadas y mimadas hasta la extenuación. Protegidas con celo por Reyes y pastores pues su lana se consideraba y se considera única. Víctima de secuestros y tráfico ilegal con el proposito de conseguir suficientes ejemplares para asegurarse su reproducción. Estimada como pocas especies en Argentina y Australia. Es una institución en Nueva Zelanda donde ya la consideran una especie propia. Es la oveja merina española, un animalito que ha conquistado el mundo. La foto es de National Geographic

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Aromas y perfumes en la Antigua Roma. Parte Segunda. Historia del Perfume (VII)



El barrio de los perfumes en Roma se llamaba vicus thuriarius . Sus artesanos recibían el nombre de unguentarii o thurarii. También eran conocidos por seplasiarii, por el nombre de una plaza situada en Capua: la plaza Seplasia en donde se concentraban  los perfumeros de esta ciudad. Estaban asociados en una corporación profesional denominada la aromatarium collegium.  Perfumeros famosos fueron Cosmus, creador de un agua de rosas con azafrán o Niceros mentado por Marcial. Otros famosos perfumeros fueron Lutatius Paccius que sostenía haber servido en la corte del rey  Mitridates, un hombre que estuvo toda su vida probando venenos con el fin de hacerse inmune a sus efectos. También Decidius Faustus de Pompeya. Sus comercios son lugares intermedios entre la expedición de perfumes a aristócratas y las dudosas transacciones. A veces ofician de meros proxenetas o traficantes de esclavos. Suetonio sostenía que las unguentaria tabernae eran centros de reunión de vagos, libertinos y buscavidas. Muchas unguentariae se encontraban anexas a prostíbulos, contándose las meretrices entre sus mejores clientes. No es descartable que ofrecieran productos falsificados, como es el caso del carísimo nardo de La India. Cicerone en su tratado De officiis, los coloca al mismo nivel que los jugadores. Y es que el perfume estaba tan ligado a la seducción y las artes amatorias que los perfumistas, y también los barberos, solían ofrecer a sus clientes los populares fascina (etimología de fascinar) amuletos con forma de falo, pero que se utilizaban también como consoladores. En particular los perfumistas añadían un lubricante elaborado con pimienta y ortiga, desleído todo ello en aceite cuyos efectos  se ocupa Petronio de poner en evidencia. Además, el arte de la perfumería era a menudo practicado por una suerte de personajes femeninos, las sagae, una especie de alcahuetas que lo mismo se ocupaban de practicar un aborto, como de elaborar un perfume o un veneno, o bebedizo para alterar la voluntad de una persona. Horacio amó tanto a una sagae como después llegó a odiarla.
    Un caballero o senador no aceptaría asumir un actividad considerada poco honorable, y eso que, un perfumista llamado  Vettius Hermes fue tan rico  en vida que se pudo ofrecer un monumento funerario una vez muerto con jardín incluido. Pese a fama de los unguentarie tabernae, su rentabilidad las hizo muy apetecibles. Incluso, para aquellos que despreciaban sus turbios negocios, utilizaban para ello los muy conocidos hombres de paja que gestionaban la actividad por su cuenta.
     Las mujeres son sus principales clientas. Escogemos a una, pero pueden ser legión Popea, por ejemplo,  esposa de Nerón y su celebre baño de leche de burra aromatizada con melisa y lavanda. El Emperador agotó la producción de incienso de Arabia en sus funerales. Julia, la hija de Augusto gastaba perfumes sólo cuando estaba embarazada. Casada con Agripa, se había comprometido con la legitimidad de su descendencia de modo que se encontraba con sus amantes cuando estaba cierta de su preñez. Al parecer no había duda alguna de la licitud de sus hijos pues todos se parecían a su padre. Julia no habría aceptado visitas extrañas en un lugar ya ocupado. O la hermosa Acco, probablemente sería una prostituta o sacerdotisa del templo de Venus,  pero esto en nada desmerecía su belleza, su cutis, la blancura de sus dientes, su piel y talle. Pensaba que esa belleza suya la haría inmune al envejecimiento, pero,  por si acaso, decidió prohibir todos los espejos en su hogar hasta que uno de sus amantes, despechado, le presentó uno en cuya superficie encontró Acco la tan temida imagen de su vejez. Acco no tuvo buen fin, pero su historia la utilizaron las virtuosas madres para escarmentar a su hija y prevenirlas contra el exceso de cosmética y perfumes en su cuerpo.
Vasos para perfumes. Lacasamundo.com
Vasos para perfumes
     No debió de ser muy ejemplar esta exhortación, porque las mujeres, y sobre todo las patricias, se mostraron rendidas ante el poderoso hechizo de los aromas. Podían elegir entre el Narcissium , el Nardicum , Sucinum (miel, aceite de palma, cinamomo, mirra y azafrán) o el Foliatum,  un perfume este último que Marcial estimaba como fuente de perdición económica para los maridos debido a su altísimo precio. Se considera el perfume por antonomasia de las mujeres ricas: nardo, aceite de ben, mirra, bálsamo, entre otros. Pero las damas romanas no solo satisfacían su avidez cosmética en  los comercios de perfumería. Recluidas muchas de ellas en el universo femenino de sus lujosas residencias y rodeadas de una nube de sirvientas que atendían sus más mínimos deseos. Las cosmetae eran las esclavas encargadas del acicalamiento de sus señoras. No   formadas estas precisamente en la paciencia ni en el  carácter piadoso. De todas ellas probablemente la que más podía sufrir su furia era la ornatrix, una virtuosa del peinado, una artista del cabello y responsable para bien o para mal de aquellos pequeños zigurat de trenzas, moños, extensiones y pelucas con las que sus déspotas amas pretendía asombrar a Roma. Por ellas velaba Ovidio cuando en el arte de amar advertía «Que la peinadora esté libre de temor: aborrezco a la que araña la cara con uñas y clava agujas en los brazos» La ornatrix controlaba como nadie ese numeroso despliegue de tarros, frascos de todo tipo,  perfumes, pomadas y peines con los que se trabajaba el cabello. Esa fecunda y numerosa población de objetos que descansan sobre "el tocador" y que Ulpiano (jurista romano) estima como perteneciente al "Mundus muliebris"(*).

     La jornada de cualquier dama romana patricia o enriquecida podían muy  bien iniciarse con un lavado de cara con una mezcla de agua, henium y lomentum, es decir: leche de burra, harina de habas y mirra. Se lavaría las manos con una mixtura de grasa animal, ceniza y aromas. Limpiaría sus odios con ayuda de un pequeña instrumento llamado auriscalpia y utilizaría una pequeña pieza de marfil o de oro para rasar su lengua. Sin olvidar su dentadura que limpiaria con polvo de piedra pomez mientras que, para los espacios interdentales, utilizaría plumas de lentisco que usaría también como si fueran mondadientes. Por fin se enjuagaría la boca con agua perfumada y quizás, mientras disfrutaba una media hora del baño, también perfumado, masticaría caramelos de Cosmo de los que nombra Marcial, y que por lo visto atenuaban la halitosis.  Juvenal, un crítico feroz de las costumbres de su época, y en particular de los excesos de los maquillados y cosméticos, sostenía que solo elaborar un peinado al gusto de una de estas déspotas requería el concurso de no menos de diez esclavas. Y eso solo para iniciar acaso la metamorfosis de una mujer que intuía el peso de los años, y pretendía corregir las marcas del tiempo utilizando la mayor parte del día mascarillas de belleza, las cuales impedían a su marido o amante reconocerla, pues nunca podían ver aquel rostro limpio de ungüentos, ya que estaba sometido a un proceso tan interminable como inútil de mejoramiento. Ovidio, a pesar de ser un fecundo divulgador de pociones y específicos, las había aconsejado que uno de los peores escenarios para la seducción es aquel que muestra al amante todos los recipientes que permiten hacerla bella, puesto que su abundancia no muestra su riqueza sino que solo delata el alcance de su estafa.  Imaginamos el ideal de belleza de una mujer romana más próximo al maquillaje escénico de una geisha, que al de un rostro fresco y lozano. Y es que los resultados de aquellos maquillajes compuestos en muchas ocasiones por sustancias cáusticas cuando no venenosas como el plomo, debían ser devastadores para la piel. Si a ello unimos el uso a discreción de perfumes sobre aquella superficie, los resultados serían desalentadores. No era pues extraño que los moralistas sostuvieran que una relación afectiva no prosperaría nunca si solo estaba basada en la belleza.
Amorcillos del Perfume. Casa dei Cervi. Herculano. Lacasamundo.com
Amorcillos del Perfume. Casa dei Cervi. Herculano

     Merece mención aparte el mundo de las termas, frecuentadas principalmente por varones, aunque siempre había excepciones. Adriano ordenó que los baños públicos se separaran por sexo, norma que fue luego continuada por Marco Aurelio y Alejandro Severo. Tal y como había sucedido en Grecia, estos se habían convertido en auténticos lupanares donde, como dice Juvenal,  hasta una madre de familia esperaba la noche para huir furtivamente de su hogar con el fin de acudir a los mismos provista de su aceite y su perfume con el solo propósito de que los esclavos la masajeasen sus partes mas íntimas. El unctuarium era, con las piscinas propiamente dichas, la parte mas esencial de las termas. En el se guardaban las pomadas y los afeites, pero el sancta sanctórum de el unctuarium lo constituía el eleotesium, una cámara especial donde se guardaban los perfumes más exquisitos. Procedían de los lugares más alejados a los que el Imperio podía llegar. Las caravanas de mercaderes los traían desde las mismas riberas del Indo y por supuesto de Arabia, una zona en la que los romanos se dejaban millones de sestercios; Plinio, incluso, había llegado a temer que el afán de perfume de las mujeres romanas mas o menos descapitalizara El Imperio. 

     En el eleotesium se guardaban los perfumes en vasos rotulados, y tal como vimos en Grecia, existía un perfume adecuado para cada parte del cuerpo. Para las mejillas y los cabellos se utilizaba el serpillín,  una planta perenne conocida como serpol  cuyo olor evoca el limón o la melisa. Los brazos con menta acuática o sisimbra. Las piernas con perfume de Egipto, y el pecho con perfume de Fenicia  y perfume de lirio para las cejas. Los esclavos frotaban los cuerpos de quien lo precisaba ayudándose para ello del strigil, una suerte de almohadilla. Por supuesto esta labor venía acompañada con frecuencia del afeitado de todas las partes del cuerpo.  Marcial en uno de sus epigramas hace mofa de cierto romano preeminente al que según él le afeitaban hasta las nalgas. También se utilizaba la piedra pómez con el fin de suavizar la piel. La piedra pómez molida era un eficaz abrasivo utilizado para la limpieza dental entre otros menesteres.

     Seneca pensaba que existía una relación directa entre la autenticidad de las ideas, la sinceridad y la forma de vestirse y acicalarse. Creía que cuanto mas se adornara un hombre menos ideas claras tenía. Cuanto mas cuidadoso, esmerado y remilgado en el porte mas era propensa su mente a entretenerse  en cosas vanas (no estamos seguros, pero creemos que Seneca predicaba una cosa y vivía de manera bien distinta). Cicerone, a su manera, sostenía la misma opinión; establecía una suerte de paralelismo entre el hombre fatuamente adornado y su baja calidad moral. La barba y el pelo desgreñado fueron, en su momento, tipos estéticos que vindicaban la autoridad moral de la Republica ante el pelo cuidado y el cutis afeitado propio del Imperio. En Grecia sucedió algo por el estilo cuando los llamados jóvenes “Laconomanos o laconomaniacos”, decidieron utilizar barbas extraordinariamente largas y capas muy cortas con las que deseaban manifestar su desprecio por la democracia ateniense y su simpatía por el tipo de sistema oligárquico propio de Esparta. Aristofanes fue el cómico que acuño el termino “laconomania” para referirse burlonamente a estos jóvenes de pelo largo, y presencia sucia
Ingredientes del Telinum. El perfume de Julio Cesar
Ingredientes del Telinum. El perfume de Julio Cesar

     El uso del perfume no solo sirve para enmascarar el mal olor, o incluso para proporcionar a quien lo lleva un aroma agradable, se utiliza también para encuentros íntimos, y atendiendo al tipo de perfume utilizado, para significar incluso sus opciones sexuales. Marcial estimaba que el perfume se utiliza también para marcar la procedencia  étnica. Pensaba que los orientales, quizás como herencia griega, venían señalados sutilmente en Roma como personajes sensualizados, cobardes y de fácil propensión a la molicie y el afeminamiento. Plinio en su historia natural, ya había sostenido que los creadores del perfume fueron los persas con el único objeto de enmascarar su suciedad. No queda muy claro a qué tipo de suciedad se refería, si era un defecto moral o un marchamo físico. En cualquier caso no parece cierto,  pues el perfume se remonta mucho tiempo atrás, y no parece que los monarcas persas se caracterizaran por su afecto al abandono ni al descuido físico. Probablemente Roma, como otras muchas culturas, estuviera mediatizada a partes iguales por los prejuicios y su experiencia como potencia militar que le llevaba a considerar, por ejemplo, que el cuerpo de élite del Ejercito Persa de Dario, llamado “los Inmortales“, y que se se enfrentó a las falanges de Alejandro, apestaba a delicados ungüentos pero como fuerza militar dejaba bastante que desear. 

     Marcial, que por cierto, nació en la Península Ibérica, deseaba significar un ideal de virtud romana que casaba mas bien con la “belleza sin aliño” que ya había apuntado Virgilio. Deseaba para los varones romanos un aire de orgullosa integridad que les evitara, por ejemplo,  el descenso a los infiernos de la voluptuosidad a los que Cleopatra había llevado al infeliz Marco Antonio. En efecto, coincidía con Virgilio, el cual deseaba un prototipo de sujeto romano mas bien contenido que no timorato; pensaba en un tipo con buen tono de piel, dientes limpios, toga impoluta, uñas limpias, aliento freso y un buen corte de pelo. En realidad un hombre perfectamente contemporáneo, eso que suele llamar un clásico, sin estridencia alguna. Sin la afectación de Marco Antonio, borracho de afeites y perfumes, recibido por la última reina de Egipto sobre una alfombra de rosas y maniatado por el hechizo sensual de una cultura milenaria, que ya no podía dar hombres enérgicos porque había quedado estéril. Egipto había agotado el combustible que cualquier civilización posee.  Lo mismo le había pasado a Grecia, Roma estaba llena de griegecitos famélicos (Juvenal) y hetairas. Aunque también de médicos y filósofos. Qué lejos aquellos tiempos en los que los estrategas de la la Helade hablaban de introducir en las artes a los rústicos latinos.

Reproducción de ungüentarios romanos hallados en yacimientos arqueológicos de  Cádiz. Cádiz es una de las ciudades más antiguas de Occidente, su milenaria historia ofrece con frecuencia tesoros de esta naturaleza. La imagen es una gentileza de HeraKles, un insólito comercio dedicado a las reproducciones arqueológicas sito en la misma ciudad.
     Pero nada de lo que hubiera hecho El Imperio romano podría haber evitado el colapso. Igual que Egipto y Grecia, Roma se cocía lentamente en el exceso y todo buen aficionado a la cocina sabe que cuanto más cuece un caldo más espeso se vuelve.  Por la vía de este poder  hiperbólico nos encontramos hasta con un mozalbete enamorado de los perfumes: Heliogábalo, un loco. Cómo sería que los pretorianos lo mataron antes de que cumpliera 18 años. Intentó refugiarse en las letrinas pero los soldados lo pescaron cubierto de heces, lo partieron en dos y quisieron deshacerse de aquel amasijo de carne y huesos a través de la boca de una alcantarilla, no fue posible porque el hueco era demasiado angosto, por lo visto lanzaron sus restos al Tíber. El mozalbete se bañaba con vino  y agua de  rosas y después, junto a sus invitados, se bebía el contenido de las bañeras. Si Nerón hizo iluminar las termas durante toda la noche, él las perfumaba con nardo. En las lámparas sustituyo el aceite por bálsamo. Y nunca calzó dos veces el mismo zapato de la misma manera que no abrazó dos veces a la misma mujer. Se cuenta, aunque con evidente exageración, que organizó naumaquias en las que el agua había sido sustituida por vino y los mantos de los contendientes estaban perfumados con esencia de enanto. Si todo marchaba bien sus banquetes solían concluir con grandes cestas descendiendo del techo repletas de flores y provistas de infinidad de frasquitos con los mas variados perfumes, tal y como también hacía Nerón en su palacio de “domus aurea”. Heliogábalo llegó un momento en el que se proclamó oficialmente mujer, aunque todos sabían que durante su corto reinado había sido el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres. Lonnes Xifilino, un monje bizantino que se encargo de traducir la obra  de Dion Casio, decía que Heliogábalo había ofendido de tal manera a la especie humana con su comportamiento que mejor era ignorarlo. Nerón, ya que lo hemos mencionado, solía perfumarse hasta los pies. Mato a su mujer Popea, a la que había repudiado, a patadas y acto seguido se arrepintió, de tal manera que para compensar su mala conciencia inundó Roma con toda la producción anual de perfumes de Arabia. En otra ocasión, y con de fin de favorecer su morbosa sensibilidad, le tapizaron las calles de la ciudad con pétalos de rosa al regresar de un viaje a Grecia. Se perfumaba hasta los pies, gusto que al parecer no tenía nada de estrafalario, pues los entendidos en aromas aconsejan una gotita en la corva de la rodilla y otra en la muñeca como los lugares más adecuados para administrar un buen perfume. Este sujeto se enamoró locamente de un mozalbete al que sólo le encontró un defecto: que era hombre, según cuenta Suetonio lo hizo castrar para superar asi ese pequeño inconveniente. Se ha hablado de La domus áurea que  se hizo edificar con las suficientes reservas acerca de sus dimensiones. Un palacio de proporciones colosales de un kilómetro de largo por 500 metros de ancho. Disponía de una sala giratoria que imitaba los movimientos de la tierra y un ingenioso  sistema de conductos permitía que desde las paredes se vaporizaran perfumes e incienso sobre los presentes. Tal y como vimos en nuestra entrada sobre los perfumes en Grecia, sentía verdadero entusiasmo por utilizar palomas cuyas plumas habían sido previamente impregnadas con perfumes y que, al aletear sobre las cabeza de sus invitados, les rociaban con una lluvia de aromas. También a la diosa Cibeles le alfombraban las calles con pétalos de rosa durante los Megalesia, las fiestas señaladas en su honor. Es mas, en muchos hogares se colocaban quemaperfumes. El culto a la diosa Cibeles tenía una particularidad, todos sus sacerdotes, conocidos como "galli", eran castrados.  
    Con Lucio Aurelio Cómodo, más conocido como Cómodo, se puede verificar la vigencia del aforismo aquel que decía que "el sueño de la razón produce monstruos". Efectivamente, Cómodo era hijo natural de Marco Aurelio, uno de los escasos "Emperadores buenos" que tuvo Roma. Filósofo, moderado y tolerante, debió de transmitir a su hijo toda la parte más bellaca de su herencia. Cómodo pasó a la historia por usar una peluca totalmente perfumada y cubierta posteriormente con polvos de oro. Para terminar nos ocupamos de Vespasiano que odiaba la molicie y la decadente cosmética palaciega, de hecho era un "gestor" inmisericorde que desarrolló, entre otros, un impuesto sobre "la orina" de los romanos. Pues bien, cuando se presento ante él un prefecto con el fin de agradecerle su nombramiento, se encontró con la desagradable sorpresa de que su bien perfumada figura causó tan mala impresión en el Cesar que le hizo perder su favor.


(*) Perteneciente o relativo a la mujer.

Entradas(post) sobre la historia del Perfume publicados hasta la fecha

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