HISTORIA DEL BASTÓN. El Primer Bastón de la Historia. Grandes Bastoneros. El Bastón (Segunda Parte)

EL bueno de Toulose. Lacasamundo
Fig. 1 Toulouse Lautrec y su inseparable bastón


Si atendemos a las normas de etiqueta imperantes hasta casi la II Guerra Mundial, nos daremos cuenta de que todas ellas tenían la habilidad de hacernos la vida tremendamente complicada. No es extraño que requirieran el auxilio de un experto en protocolo, y también el concurso de unos amplios bolsillos vista la abundancia de objetos que las buenas maneras parecían imponer: abanicos, sombreros, guantes, pañuelos, sombrillas, pitilleras, monóculos, tarjeteros………… Respecto al bastón nos encontramos con un objeto, al igual que el paraguas y el abanico, que prácticamente incapacitaba una de las manos. Visto de esta manera, que las reglas de elegancia hayan ido prescindiendo de él, bien pudieran parecer una bendición. Su uso era terriblemente enojoso para quien físicamente no lo necesitaba, puesto que no podía dejarse en cualquier lugar. Estorbaba tanto o mas que un paraguas, y ante la ausencia de un mueble bastonero donde depositarlo, no podíamos desprendernos de él para dejarlo reposar en cualquier esquina, lo que podía interpretarse como propio de naturalezas descuidadas y poco fiables. Tampoco sobre la cama, una invitación inconsciente y como tal, intolerable, a la intimidad si lo hacíamos en un hogar extraño. Peor incluso era dejarlo directamente en el suelo, o utilizarlo para entrampar el paso de los invitados a las recepciones del Palacio de Oriente en Madrid. Al parecer  el esposo impuesto a una Reina se entretenía en incordiar a los visitantes del Palacio de esta manera;  o había perdido su cabeza por el mal de la sífilis o quería vengarse de esa forma de su absoluta irrelevancia en La Corte. El bastón, en efecto, era un símbolo de la ociosidad, de la clase, incluso del lenguaje social, visto el alcance que tenía el uso de vocablos del tipo garrote, vara o makila, tabernarias alusiones al mismo.

     El bastón era incomodo no hay razón para negarlo, pero no más que las multas de trafico, el insoportable papeleo con el que el sistema nos castiga, la tiranía irritante de los ordenadores, los móviles (que a veces, incluso funcionan como teléfono) y los zapatos chinos…..entre otros. El bastón era la aristocracia del palo, la ilustración de la naturaleza. Como lo es el perfume del olor, o la moda de las inclemencias meteorológicas. Acaso haya quedado huérfano en un mundo como el actual en el que los gurus del fasionismo (nos permitimos deformar este término hasta su castellanización más absoluta, aunque google lo ignora totalmente y nos presenta entradas relacionadas con el fascismo). Aún no han reparado en que probablemente se trate del primer objeto que la humanidad alegorizó para convertirlo en un símbolo, lo que abriría la senda de eso que llamamos Civilización. Existe un libro escrito en el siglo XIX, cuyo autor sostenía que efectivamente el bastón ha acompañado a la humanidad desde sus primeros pasos, y se hace eco de una historia, evidentemente falsa, sobre el origen del primer cayado: el de Adán. Al parecer la expulsión del Paraíso Terrenal, además de las ya conocidas,  trajo varias consecuencias indeseables.  Adán, que hasta entonces había mantenido una convivencia apacible con el resto de los animales, se dió cuenta de la progresiva agresividad que estos empezaban a mostrarle. Atemorizado (nada se dice de Eva en esta historia) acudió a Dios, rogándole auxilio toda vez que temía por su vida y, de perderla, toda la obra de la Creación fracasaría ya que no tendría descendientes. Al Señor le pareció adecuada la demanda de Adán, pero como no estaba dispuesto a enmendar su castigo, decidió proveerle para su defensa de un bastón o cayado, con el que defenderse de los animales y señalar la autoridad que sobre ellos tenía.


Oro y brillantes. Perteneció al Rey José I de Portugal. Este precioso bastón fue robado en el año 2002
Oro y brillantes. Perteneció al Rey José I de Portugal. Este precioso bastón fue robado en el año 2002

      Alguien pensará que del chusco utilizado por estos tipos de las cavernas al finísimo bastón que utilizaba Brummell, una especie de prototipo de dictador de la elegancia que marcó la moda masculina en la Inglaterra de principios del XIX, no hay relación alguna, pero se equivocan: es la evolución de una especie.  Beau Brummell, como se le llegó a conocer, tiene una estatua en Londres, y su elegancia legendaria viene acompañada por un sutil bastón.

     Valle Inclan, dramaturgo español que vivió a caballo del XIX y XX (1) también posee una estatua en Pontevedra, y luce también bastón. Además de escritor debía ser un tipo algo atrevido,  aprovechaba la solidez  que le daba su bastón y el porte de su figura para toparse con uno de esos enemigos de gallinero (el gallinero es un lugar ficticio en el que suelen dirimir sus conflictos los intelectuales. Bulliciosos y crueles ellos como ninguno, pese a lo que se puede suponer debido a su altura de miras,  y oficio). De tal suerte que el hombre le pidió disculpas con la formula de “perdón, ha sido sin querer” a lo que nuestro hombre replicó que no, que no había sido así, que el menos por su parte había sido queriendo. 

La leyenda dice que Dios, tras expulsar a Adán y Eva del Paraiso, facilitó a éste un bastón con el fin de defenderse de los animales y señalarle así como la especie más perfecta del Creador.
La leyenda dice que Dios, tras expulsar a Adán y Eva del Paraiso, facilitó a éste un bastón con el fin de defenderse de los animales y señalarle así como la especie más perfecta del Creador.

     Valle  Inclan era un trasgresor, al menos de salón, y osaba apuntar con el extremo del bastón a las personas lo que era una señal ineludible de mala educación en los códigos de urbanidad de la época,  porque parecía limitar el interés que pudiera suscitar aquella persona al nivel de un palo. Nadie como Gala, Antonio Gala, para saber llevar un bastón, pese a que entre uno y otro disten mas de cien años. La elegancia de este hombre para llevar el bastón -y los pañuelos también-  lo convierte mas bien en una caricia. Cuando escribimos esto Gala está enfermo y…………bueno ya sabemos de qué va la vida.

     Esta impronta de resignación existencial la encontramos también en  Niceto Alcala  Zamora (Priego de Córdoba 1877- Buenos Aires 1949) presidente que fue de la II República Española, paseando su agradable naturaleza de bondadoso burgués por la zona de Chamberí, en Madrid. Reposando en un banco, años después y ya en su exilio argentino,  con esa digna pulsión que solo algunos hombres saben mantener hasta el final de sus días. Buscando el sentido del tiempo, apartando las hojas caídas como si fueran las páginas del libro de su vida, la edad  disculpaba esta omisión pues tampoco parecía ser de buen tono el utilizar el bastón ni para mover las hojas ni para hacer garabatos en el suelo. Sorprendemos incluso  los dos metros de altura de Jaime de Marichalar, que fuera esposo de una Infanta de España y al que llevaron, pensamos nosotros, a empujones hasta el altar. El tiempo acaba por poner a todos y a todo en su sitio, y este hombre, que es quizás uno de los que mejor viste de España,  termina apoyando su triste madurez en un bastón. No sabemos muy bien el porqué de su tristeza [no es exactamente tristeza lo que a este hombre aflige, pero, como pertenece a su vida privada, ahi se va a quedar] ni tampoco la razón por la que utiliza el apoyo que, quién lo diría, lo empezaron a manejar los caballeros como sustituto de la espada. Su uso en la indumentaria de paseo se llegó a prohibir en varios países con el fin de evitar los constantes duelos. Lo que no consiguió frenarlos, porque la prohición derivó en la manufactura de bastones-estoque, esto es: varas que ocultaban en su interior una finísima hoja de metal que permitía solventar las disputas del honor.
Beau Brummell

     Los pintores, entre otros muchos,  habían encontrado en el bastón un artilugio muy adecuado para transportar sus útiles, pinceles, paletas de colores, lápices, etc. aprovechando el vaciado de la caña de los mismos. Aunque esta encomiable disponibilidad para saciar la inspiración no era exactamente la utilizada por todos los artístas. Este era el caso de una figura por la que sentimos cierta ternura también, Toulouse Lautrec (Fig. 1), el pintor, había adquirido un billete a la desdicha por su afición al alcohol. Pero no a cualquier mejunje; la absenta, un líquido que mataba alegremente y nunca mejor dicho. Enfermo desde que nació, rico pero no agraciado. Nihilista como pocos, fue un precursor en la provocación y aprovechó los primeros testimonios de la fotografia para inmortalizarse cagando….. tal como leen. Pese a los desvelos de su madre sufrió dos accesos de delirirum tremens, ésta le hizo espiar para evitar que siguiera bebiendo, no había reparado en su bastón, en su caña hueca. En ella el bueno de Tolouse había instalado una provisión de alcohol para ir pasando el día. Debido a su escasa talla Toulose se vio obligado a acortarlo en sus dimensiones. También un edil de cierto ayuntamiento entregó el bastón a su sucesor con una considerable merma en sus proporciones, lo  que justificó por su escaso tallaje. Si bien obvió precisar que había sustituido la empuñadura original, que era de oro, por otra sin valor alguno. Incluso pensamos en otro “bajito”, del que desconocemos incluso el nombre, pero que sí sabemos que fue objeto de otro de esos irritantes petimetres del XIX,  Barbey d'Aurevilly, se llamaba, era vizconde y se ocupo de autobiografiar a Brummel, del que hablamos mas arriba. Insufrible, uno de esos tipos a los que sus sirvientes le hubieran “partido la cara” sin mas eufemismos. Le entregó un lapicero a nuestro “bajito” y apuntó que ese era su bastón como respuesta a su desconcierto

A pesar de que la calidad de la imagen no es muy buena se les conoce como "los sediciosos". Ello es debido a que sus respectivos pomos proyectan la silueta del rostro de Napoleón (izquierda) y Luis XVI (derecha). Fueron utilizados puntualmente en episodios históricos en los que se hacía preciso proclamar, de forma discreta, la simpatía por una y otra figura, cuando significarse en tal sentido podía acarrear severas sanciones. El de la derecha posee una pequeña cavidad para conservar veneno.





(1) Nos duele hacer estas precisiones, pero algunos autores no se han dado cuenta de que las generaciones jóvenes desconocen eventos y personajes que ellos dan por sabidos. Lo cual es un error. No sabemos de quién, pero es un error.


La historia del bastón consta de tres entradas


Continuará...