Harenes y Serrallos en el Imperio Otomano. Orígenes. [ Parte Primera ]



El Serrallo tiene un alcance semántico muy rico, imprime sobre todo un aire de despotismo oriental,  lujo, y una idea acomodatícia y sensual de la esclavitud. Serrallo puede ser también una disposición de condescendencia intelectual hacia este aspecto opaco de la intimidad interior de los pueblos orientales. Serrallo es también el refugio palaciego de algunos sultanes que decidieron instalar sus aposentos en su interior porque pensaban que nada terrible podía ocurrirles allí. No en balde serrallo no significa mas que eso: habitación. Centro de poder supremo, el serrallo es el punto sobre el cual se larva la intriga, los odios más feroces, las más atípicas intimidades. El serrallo, es en la época de paz, un lugar para el placer y la delectación de todo tipo. El serrallo es el que contiene el harem imperial es decir el retiro de las princesas musulmanas, madres, esposas, hermanas, hijas de los sultanes, y también las innumerables mujeres empleadas a su servicio o bien las simples concubinas del Gran señor. Ah, y también sus eunucos [Imagen del sultán Muhhamad II se le conoce también como Mehmed. Individuo contradictorio entre la villanía y la heroicidad]

     Cabe también otra valoración más áspera del  harem, desde esta óptica se trataría solo de la herencia de una sociedad de pastores y camelleros trashumantes y que instalados en una tierra hostil desarrollaron su espíritu de supervivencia practicando un instinto acumulativo, se coleccionaban mujeres como se almacenaba agua o dátiles o camellos.  Esta herencia se proyecta en el primer intento de armonizar costumbres con trascendencia, a través de la religión, y es en esta cocina de la espiritualidad que es el Oriente Próximo, donde se fabricaron la mayoría de los dogmas, tabúes y costumbres que señalan la cultura Occidental. Todo esto conviene contextualizarlo porque podemos quedar contaminados por los prejuicios que impone nuestro tiempo, pero creemos que no decimos nada impropio cuando hablamos de las mujeres cual si de un bien de intercambio se tratara. Siendo este un bien valioso por partida doble porque permitirá esos espacios de relajo, placer y sensualidad y por otro aseguraba la descendencia. Con todo el harén no es un invento árabe, los primeros conocidos se remontan casi 2.000 en el tiempo antes de nuestra era; uno de los mas antiguos se albergaba en la ciudad de Mari que en su momento, había pertenecido  al decadente imperio sumerio en Mesopotamia. Y aún incluso podremos indagar más en la historia para econtrarnos con esos «lugares cerrados» en los que los faraones egipcios mantenían a sus mujeres, amantes, madres e hijas y que se conocía como Casa Jeneret.
     La historia es solo una cuestión de fuerza física, el primer sultán que sintió su poder amenazado por su hermano lo hizo estrangular, fue Bayaceto I [1360-1403] bien es verdad que para este fratricidio se utilizó la cuerda de  seda que por lo visto era el máximo honor al que podía aspirar un hombre condenado a la pena capital. Sublimar las propiedades de los objetos para hacerles hablar como si se tratara de ideas es un gesto muy querido por las instituciones y su ritualizado comportamiento;  se supone que las delicadas cuerdas de la trama de seda solo pueden proporcionar una sutil ejecución a la altura de la dignidad de la víctima
     De entre todas las mujeres del serrallo había una que tenía un poder absoluto: La madre del sultán, no podía ser otra, a veces lo tópico implica una verdad incuestionable, mujeres hay muchas pero madre solo hay una. La sultana recibía así el pago a los muchos sinsabores y desvelos que había padecido cuando su hijo era solo un pretendiente, de hecho, sólo dos personas en el Imperio otomano podían utilizar el termino sultán, el titular y la sultana su madre. Cual si se tratara de un hormiguero o panal de abejas recibía el titulo de Reina Madre [Valide Sultán] y nada o casi nada se le pasaba por alto. De  las muchas instituciones de la antigüedad en la que la figura de la mujer estaba prácticamente anulada esta particularmente es una de las pocas en la que la mano femenina tiene una autoridad absoluta, si bien es verdad que el cometido principal era el de resultar agradable a un varón. Paradójicamente la Reina Madre tenía un estatuto especial del cual nunca se liberaría: era una esclava pues los miembros del harén nunca eran manumitidos. De esta forma el sultán puede decirse que era hijo de esclavos. Aclarando conceptos podemos decir que todas las esclavas que entraban al servicio del sultán se titulaban como odaliscas o "mujeres de la corte" Las odaliscas no necesariamente debían de ser presentadas al sultán, de hecho lo eran en escasas ocasiones,  y desempeñaban un papel mas bien funcionarial, lo que de alguna desbarata cierto imaginario colectivo sobre el concepto. Solo las mas bellas de entre las bellas podían aspirar al concubinato, debían antes entrenarse en diversas artes, como la música o la poesía y también en las artes amatorias, como se ve su contexto y formación parece remitir al de una especie de Geisha. Solo las odaliscas mas capaces  pasarían al servicio de alguna concubina del sultán u ocuparía cargos protocolarios dentro del harén. Aquellas de las concubinas que por sus especiales dones recibían el favor del sultán se conocían con el nombre de Kadin, por lo que se ve la tradición daba como aceptables hasta un numero de cuatro, aunque el número de concubinas con las que el sultán intimaba fueran muchas más, de tal forma que si alguna de ellas quedaba embarazada adquiría inmediatamente el rango de Kadin. Las kadins podían considerarse como las esposas legales del Sultán, aunque esta figura no existiera en la corte otomana pensando que así se privaba a las esposas de ejercer una influencia negativa supeditando los intereses del Estado a los de su propia familia. En su calidad de Kadin poseían un servicio propio, la favorita de Selim II [1524-1574] que se llamaba Nurbanu, disponía de 150 damas y varios eunucos El termino harem deriva del árabe «herâm» que alude por lo general a lugar privado, exclusivo y prohibido, tiene claras connotaciones religiosas, por ejemplo lugares como la Meca o Medina son herâm, hitos de alta sacralidad. En sentido estricto el harem en turco se denomina haremlik, siendo la partícula«lik» un sufijo que anexado a un sustantivo denota lugar.


La imagen superior y la inferior son una continuidad. Se disponen ambas para  situar el gran serrallo en relación con el templo de Santa Sofia [imagen inferior] La parte superior es la continuación de la lámina inferior por la izquierda, desde el punto de vista del observador, es decir: usted.

      Muhhamad II,  conquistador de la antigua Constantinopla fue el que ordenaría construir el Palacio de Topkapi en cuyo interior se instalaría las dependencias del gran harem. El termino serrallo haría mas bien referencia a todo el conjunto  del palacio. Por Sublime Puerta se llegó conocer la corte otomana toda vez que este era el nombre de la puerta que daba acceso a las dependencias del gobierno. Muhhamad, también conocido como Metmet «el conquistador», tiene, de hacer caso a la historia, dos versiones acaso complementarias. Se le presenta como un sultán ilustrado y valiente que incluso permitió el culto cristiano ortodoxo tras los muros de una Constantinopla conquistada [proporcionó un salvoconducto a los genoveses por permanecer neutrales], y otros como un autentico paranoico; criado en el pavor a ser asesinado y capaz de abrir en canal a varios de sus criados y todo por descubrir al culpable del robo de un melón. En efecto: un melón, era gran aficionado a los gatos y a la horticultura y estimaba particularmente esta fruta. De Muhhamad poseemos también otra joya legislativa y es la del «decreto del fratricidio» por la cual se venia a oficializar una práctica en el Imperio Otomano que consistía en controlar los problemas de herencia al trono por el sencillo procedimiento de estrangular a todos sus hermanos y pretendientes al mismo, aunque con el fin de sortear la prohibición del asesinato en el Islam se aseguró de que el sultán no participara directamente en el crimen. 
     Tal era el carácter cerrado y discreto de cuanto acaecía en el harem, y las noticias sobre el harem mismo, que solo hasta finales del siglo XVI tuvo conocimiento Occidente de los detalles de esta institución, si bien no completos. Ello fue debido a la pluma de Domenico Hierosolimitano médico al servicio del sultán Murad III, contemporáneo de nuestro Felipe II, en su obra «Relatione della citta gran di Costantinopoli». Incluso durante el sultanato de Abd ul-Hamid II 1876-1909, sultán depuesto por la sublevación militar de los llamados «jóvenes turcos», casi nada se sabia del mismo y eso que aun vivían en su interior 327 mujeres y 130 eunucos. Fue el penúltimo sultán y el último episodio de los harenes otomanos puesto que fueron disueltos. Las mujeres y sirvientes del ultimo harem vivieron tras su clausura un inaudito episodio dentro de un Estado que, como el Turco, aspiraba a integrarse en los modos de la cultura Occidental, pero esto queda ya para la siguiente entrada.