Historia del Calzado. Primera Parte

Algunas ideas previas

Historia del Zapato. Parte I


Hace poco tiempo  la viuda de una artista decía que la parte del cuerpo más hermosa era un pie desnudo, pero que la cosa mas hermosa del mundo era un pie desnudo vestido con un zapato. No es una opinión desdeñable, de hecho, casi el noventa por ciento de las mujeres se confiesa rendida a su hechizo y una mayoría estaría dispuesta a afrontar un importante desembolso por los zapatos de sus sueños. 

     La industria del calzado constituía la columna vertebral de muchas zonas de España, proporcionando miles de empleos antes de la deslocalización. Fue un proceso inevitable, la muerte anunciada de un producto mediocre que carecía de diseño alguno y por el que podían competir, y compitieron, países en los que la mano de obra era más barata. Por ese lado no había, ni hay, nada que hacer. El retorno de esta industria, de producirse, vendrá mas bien por el lado de la calidad y el diseño. Apuntan algunas esperanzas, una industria hermana, como la de la confección, está experimentando el regreso  de la producción en un 15% a la Península, sobre todo a Portugal. Veremos si se contagia, porque China ya no es tan barata y lo será menos

Diseño y calidad. No hay otro camino

     Ese zapato que alaba nuestra fetichista admiradora (se trata de Dita von Teese) no es precisamente un zapato cualquiera de diez euros que apesta a tinte. Se trata, con seguridad, de un diseño exclusivo de varios cientos de euros o incluso miles. Nosotros no somos capaces de diseñar una estrategia empresarial para vender más y mejor, por eso no caeremos en ese frívolo clasicismo. Cualquier zapato, en el que como se ve, también hay clases, merece su historia. No en balde llevan miles de años protegiendo nuestros pies, y como todo objeto ya veterano, ha dado el salto de lo estrictamente necesario a lo bello. 
Los pies. Un largo camino recorrido

     El zapato no es cualquier cosa, es un peso pesado, un autentico objeto de deseo que hizo estragos en el Antiguo Egipto, Grecia y Roma. Ofusca hasta el delirio. Llevó a muchas mujeres, por ejemplo,  a envidiar los mil pares de zapatos que poseía Imelda Marcos, la mujer del Presidente filipino Ferdinand Marcos, sin entrar a cuestionar la licitud de su régimen (*). Incluso, y con el fin de eliminar las limitaciones físicas, se han dado casos de amputación voluntaria del dedo meñique de ambos pies, y todo con el fin de calzarse más cómodamente los zapatos de nuestros sueños.

    Hay algunos historiadores que piensan que el diseño del zapato no es banal, y que poco mas o menos estos anticipan periodos de estabilidad o crisis a lo largo de la historia. Los zapatos de tacón, por ejemplo, causan furor en una época en la que sencillamente las cosas no marchan como es debido. Nadie sabe por cierto, si a Carla Bruni le gustan los zapatos de tacón. De ser así, de poco le va a servir mientras acompañe a su marido Sarkozy. Hay de por medio casi diez centímetros de estatura, por lo que al menos, en publico: zapatos de tacón bajo, que por cierto producen unas fascitis plantares de caballo. Un espejo, pero totalmente invertido  del anterior lo podemos encontrar en la pareja del Príncipe heredero de España, Felipe de Borbón y su mujer, Leticia. Aquí las diferencias se van casi hasta los 30 centímetros: El Príncipe mide 2 metros y ella, calculen. Lleva unos zapatos con una plataforma descomunal. Zapatos-bote los han llamado, por un antiguo juego infantil y requieren unos pies de plomo y amplias nociones de equilibrio. Leticia seguramente suspira por unas zapatillas de deporte. 

Mohari del Nizam (Rey) de Hyderabad XVIII-XIX. Unas zapatillas con piedras preciosas, hilo de oro.

     Será por eso por lo que Sarkozy suple su falta de estatura con un genio vivísimo (le suele pasar a los bajitos) y unos zapatos con calzas de Bertulli, por si acaso. Bertulli es un zapatero, un  especialista italiano en manipulación de imagen, aunque hasta la fecha solo utiliza sus habilidades para hacerles crecer  unos centímetros mas. Estas pequeñas y discretas prótesis tienen, como se ve, hasta una alta responsabilidad política: está demostrado que tiene la capacidad de alterar el carácter y la apostura de sus propietarios. Hemos visto el caso del Presidente francés, pero hay más.

El Superagente 86 y sus zapato móvil. Una serie de los 60




Entradas(post) sobre la historia del calzado publicados hasta la fecha



(*) Imelda Marcos, que no era precisamente el prototipo de mujer cultivada, llegó a acuñar con orgullo el término "Imeldismo" para definir aquellos comportamientos que se caracterizan por la ostentonsidad más extrema