El Veneno en las Cortes de Europa ( Parte Cuarta )

Brujas y Envenenadoras


La Voisin interrogada en prisión
   
 En Japón, el veneno -el arsénico concretamente- oficiaba como gran conservante, siempre y cuando se respetaran unas proporciones adecuadas; mataba las bacterias responsables de la descomposición de los cuerpos. En Japón existía en la zona de Yamagata una tierra a la que llaman la de los sacerdotes momificados. Los monjes bebían durante  toda su vida de un manantial con alta carga de arsénico. Cuando estos morían, eran enterrados bajo piedras y al ser descubiertos sus cadáveres, muchos años después,  se les halló perfectamente momificados, como si su piel fuera de porcelana 
     Hacia el siglo XV, tanto Francia como Italia eran veteranas en el uso del veneno. En Francia, su uso privado, debía de alcanzar tales dimensiones que se llegó a castigar con la pena de muerte el  uso del llamado preparado de los ballesteros que utilizaban con profusión soldados y cazadores. Pero el  veneno en la Europa occidental no era privativo de estos países, España, por ejemplo, tenía un particular interés en acabar con la vida de Isabel I de Inglaterra, y la corte de Madrid encargó a un medico judío: Rodrigo López, tal cometido, pero fue descubierto y muerto. Por cierto Shakespeare tomó como modelo a este personaje en una de sus obras (El Mercader de Venecia) . Don Carlos, el heredero de Felipe II, también fue envenenado. Don Carlos fue la astilla clavada en los dedos del Monarca por los fabuladores de la Leyenda Negra, en lugar del infeliz primogénito del monarca, las crónicas de su época hablan de él como de  un monstruo sádico que mortificaba a sus criados y sirvientes, se entretenía en mutilar caballos y asar animales vivos. A este monstruo le dedica Verdi una opera ¡Si lo hubiera conocido! Don Juan de Austria, declarado enemigo público número uno en los Países Bajos; un bastardo al servicio de su hermanastro Felipe II. Vencedor de Lepanto. Muerto oficialmente por tifoideas, pero con tantos enemigos que, el rumor sobre su envenenamiento tiene bastante crédito.  Años después moriría María Luisa, esposa de Carlos II. También muy oportunamente, y de forma súbita, el Duque de Baviera, pretendiente al trono de España tras la muerte sin sucesión del último Austria, favoreciendo su deceso al Duque de Anjou, futuro Felipe V y nieto de Luis XIV. Este último tenía por cierto una buena liada en su corte.
María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II.
María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II.
     Por otra parte Catalina de Medici se empleó a fondo en Francia por favorecer a su familia. Se cree que envenenó al Delfín de Francia, que impedía a su esposo Enrique ser Rey. Luego envenenó a Juana, la madre de un hombre terriblemente afortunado (porque intentaron matarle varias veces), el que sería Enrique IV de Francia. Que a su vez se libró de morir envenenado, porque el hijo de Catalina se le adelantó y ojeo primero las paginas de un libro, que su madre, diligentemente, se había ocupado de impregnar con veneno. Por más que lo intentara, Catalina no consiguió garantizar el trono de Francia para ninguno de sus hijos, pues por distintos motivos, se lo quedó Enrique.

     La hoguera tuvo trabajo en la Francia de Luis XIV. Ardieron decenas de personas condenadas por brujería, misas negras, envenenamiento. Unas estaban vivas cuando fueron entregadas a las llamas, a otras se las había ajusticiado previamente y el fuego solo devoró sus cadáveres. De los dos casos tenemos sendos ejemplos. Se estableció un tribunal especial para juzgar los crímenes por envenenamiento que recibió el nombre de Cámara Ardiente. Por esta época era bastante difícil probar que alguien había muerto envenenado. Se utilizaban perros como cobayas, a los que se le daba a probar los indicios,  caso de existir estos. Si el perro moría se trataba de veneno, en caso contrario no había tóxico. Quedaba, eso si, el recurso a la tortura que daba lo que ahora se llaman falsos positivos, porque las victimas, con tal de evitarse el dolor, eran capaces de confesar cualquier cosa. 

Laboratorio de La Voisin
Laboratorio de La Voisin
     Esta era un tiempo de grandes comilones, y el uso de enemas para aliviar los efectos de las pantagruélicas comidas se hizo habitual, esta circunstancia se aprovechó para instalar el veneno en la irrigación. La Voisin una profesional del veneno, vendía jabones fabricados con arsénico y polvos para disolver en los enemas . Esta mujer fue quemada viva en la hoguera junto a su cómplice. Fue declarada culpable de infinidad de crímenes, entre ellos, se cree, que el de varios cientos de niños recién nacidos, cuyos cuerpos utilizaba para sus ceremonias satánicas, quemando sus restos en un horno que había instalado en su casa. Sus pócimas circularon con gran alegría entre la aristocracia francesa, y hasta una de las favoritas del Rey, utilizó un filtro de amor elaborado por la Voisin para retener al monarca, cosa que sólo consiguió durante un tiempo. Otra que pereció en la hoguera, pero que ya iba muerta, fue Marie Madeleine d’Aubray, mató a su padre, porque indignado el hombre con la vida licenciosa de su hija, denunció a su amante.
Marie Madeleine D'Aubray, Marquesa de Brinvilliers, envenenando a su padre
Marie Madeleine D'Aubray, Marquesa de Brinvilliers, envenenando a su padre
     D’Aubray, según la crónicas, debió de ser una maquina de matar; fría y fogosa a la vez (ya rea, intentó suicidarse comiendo cristales machacados, y como quiera que fracasase en el intentó, se dice que intentó autoempalarse a través de su vagina). Utilizaba como conejillos a enfermos y desvalidos de los hospitales que visitaba fingiéndose una dama caritativa para, tras envenenarlos, observar la rapidez con que actuaba  la sustancia que utilizaba(que bien pudiera ser aquel Agua Toffana de la que hablamos antes).  Cuando estuvo segura de que el veneno no podía ser detectado por los médicos, se decidió a acabar con su padre, cosa que así hizo con absoluta sangre fría. Mató también a sus dos hermanos para hacerse con la fortuna heredada de su padre, y hasta lo intentó con su propia hija, su marido y algunos familiares más. Hizo fortuna el nombre con el que se refería a la sustancia venenosa que utilizaba polvos de sucesión. Arrestada,  tras ser sometida al tomento del agua, fue decapitada posteriormente. Por último su cadáver fue entregado a la llamas de la hoguera


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