Horquillas, Alfileres y Agujas. Historia de estos accesorios en Grecia y Roma


A lo largo de la historia el cabello nos ha proporcionado numerosos testimonios de objetos elaborados con el único fin de mantener la arquitectura del mismo Queremos decir que gracias a estos accesorios el cabello podía ser manejado plástica y volumétricamente: coletas, moños, extensiones, trenzas, etcétera no hubieran sido posibles sin el concurso de horquillas, pasadores, alfileres y agujas. No olvidamos aunque no sera objeto de este estudio, al imprescindible peine sin cuyo concurso hubiera sido imposible disciplinar esos escurridizos y frágiles filamentos conocidos como pelos y que puede ser, sin duda, unos de los primeras piezas elaboradas de la civilización. La mera presencia de un peine entre los restos arqueológicos ya dice mucho del nivel de desarrollo alcanzado, este es el caso de los peines realizados con material oseo encontrados en la isla de Mallorca [1] y que se remontan a la Edad de Bronce o  los restos de la Reina sumeria Puabi, enterrada junto a todos sus sirvientes en el conocido como Cementerio real de Ur [4.ooo a. C] y en el que además de un ajuar funerario en el que apareció un peine se encontraron también diversas conchas supuestamente destinadas a contener cosméticos, así como otros restos no identificados pero que por su forma bien pudieran corresponder a imperdibles y fíbulas. 
     Agujas y alfileres son los objetos más antiguos inventados y fueron rápidamente adoptados tanto por los griegos como por los romanos. Antes de que el empleo de los metales fuera conocido estos accesorios utilizados para dar forma a la disposición de los cabellos o mantener un tipo particular de peinado se suplían con piedras afiladas, huesos o arbustos espinosos. A partir de la edad del bronce se fabricaron agujas y alfileres no solo de metal sino que se utilizaron también materiales considerados nobles como el marfil, diversos tipos de madera dura y metales preciosos. Ha sido gracias a estos tipos de materiales como en el presente hemos tenido testimonio de la existencia de estos objetos pues resisten mejor el paso del tiempo que el hierro, cuyo proceso de oxidación lo convierte, pese a su aparente dureza, en el más frágil de los materiales. 
Horquillas romanas en plata, hueso y bronce
Horquillas romanas en plata, hueso y bronce

     Las agujas para el cabello fueron utilizadas indistintamente por las mujeres y los hombres.  Homero  en La Iliada ya hace referencia al uso de agujas lujosamente trabajadas colocadas en las cabezas de sus héroes a la vista de la larga cabellera que se dejaban crecer. Los espartanos incluso, reacios a cualquier accesorio u adorno suntuario, peinaban sus cabellos antes de la batalla y probablemente sujetaran sus melenas con algún tipo de pasador o aguja con el fin de que esta no incomodara su visión en el curso de la batalla. Numerosos bustos clásicos que aluden a personajes mitológicos, véase el caso de Apolo lucen un anudamiento de sus cabelleras realizadas con el propio cabello, seguramente apoyado en la presencia de una aguja o pasador no visible que evita que estos se deslicen. Grecia clásica experimentó varias influencias culturales y estéticas, y una de ellas le llegó desde las ricas y sofisticadas ciudades del Asia Menor a su vez receptoras de las sensuales maneras de los persas. De esta forma y durante las guerras medicas los griegos presentan sus cabellos trabados con agujas adornadas con piezas de oro, eso al menos es lo que refiere Aristófanes en «Las Nubes» 
    Es en Roma donde la peluquería alcanza unas cotas de elaboración difícilmente imaginables. Las agujas para el pelo deben ser capaces de dar cuerpo al cabello pero a condición de que pasaran inadvertidas, se llega incluso a coser el pelo, es decir se añade hilo al imperdible con el fin de trabajar la forma del cabello de manera más precisa. Aunque no existen testimonios materiales que nosotros sepamos, el conocido como cauterio, un tubo de metal que se calentaba y que según Varrón y Cicerón era el responsable de los vistosos rizos que lucen las damas romanas que los utilizaban cual bigudíes. 


Scalptorium
Scalptorium

     Aparece un tipo mas especifico de agujas y se la conoce como como discerniculum puesto que servían para separar los cabellos, el discerniculum se utilizaba  también para aplicar aceites aromáticos sobre el cuero cabelludo. Los aceites aromáticos eran la forma de presentación de los perfumes en la antigüedad greco-latina e impostaban una clara significación erótica, toda vez que la unción olorosa solía preceder a los encuentros íntimos. Otro tipo de fíbula lo constituye el scalptorium si bien su uso es doble, podía servir y de hecho servía como rascador y ocasionalmente como escarba oídos. Marcial [Epigramas] recomendaba su uso en aquellos cabellos en exceso impregnados con ungüentos olorosos con el fin de evitar que la base aceitosa de estos impregnara la sutileza de las telas de seda. En general ya no son meros objetos de forma acicular sino que su superficie se trabaja plásticamente lo que ofrece pequeñas obras de arte y también apuntes curiosos, como es el que presenta una aguja en la que se había cincelado un peine colocado sobre una lapida, lo que parece hacer referencia a la profesión de ornatrix o peluquera [Delle ornatrice.......]
     Las agujas de cabeza tuvieron ocasionalmente otros usos no tan inocentes y cosméticos como aquellos a los que estaban destinadas.  Ovidio ya proclama su desprecio por todas aquellas matronas romanas que utilizaban los alfileres para castigar la falta de pericia de sus esclavas en lo que a la labor de peluquería se refería, marcándolas dolorosamente la piel con estos instrumentos puntiagudos. Esto debía de ser relativamente frecuente, visto el interés que el poeta se tomo en ello. También Fulvia una ambiciosa mujer casada entre otros con Marco Antonio y que tras múltiples peripecias terminó por atravesar con las horquillas de oro de las que se servía para adornar su peinado  la lengua de la decapitada cabeza de  Ciceron, alusión cierta al excesivo y pernicioso uso que el orador había hecho de ella mientras vivió. Otra versión de la muerte de Cleopatra la hace víctima de sus propios pasadores para el cabello con los que supuestamente se habría atravesado el corazón. Un caso límite es el el protagonizado por Santa Perpetua que, sometida a suplicio por su condición de cristiana, pidió una horquilla para sujetarse el cabello pues no quería morir despeinada símbolo del lamento en la tradición romana.


[1] Closos de Can Gaiá