Cosméticos y ajuar de la Señora Day [Lady Day]. Una momia de 2200 años.



ARQUEOLOGÍA EN CHINA. COSMÉTICOS



    China es una civilización que hunde sus raíces casi en la Edad del Hierro. Cinco mil años de historia son capaces de generar una herencia muy rica. Conocemos el colosalismo de la muralla china, la ciudad prohibida de Pekín; tumbas de emperadores megalómanos capaces de matar, incluso después de muertos. Y esto, con causar asombro, no es nada, una mínima parte del anhelo diario de un pueblo que ya en en siglo XVIII tenía mas de cien millones de habitantes. El afán de todos estos millones de personas a través de decenas de  generaciones ha dejado su huella sobre la tierra, mas exactamente: bajo la tierra. Mao Zedong fundador de la China moderna y que gobernó el país durante 35 años en calidad de Presidente del Partido Comunista Chino, fue ante todo un autentico hijo del espíritu imperial chino. Aunque republicano y socialista, su talante, la actitud de sus gestos íntimos, que son en el fondo los que denotan la autentica naturaleza de una persona, nos sugirieren a un hombre que puso fuera de la ley la institución del concubinato, pero que era capaz de mantener a varias amantes. Fomentó un culto a la personalidad rayano en el servilismo ruin del Imperio. Y su paso por este mundo  -directa o indirectamente - dejó una senda de cadáveres que unos cifran en diez millones de personas, y otros en setenta. Nada nuevo por otro lado ya que los periodos de inestabilidad en China se han resuelto por lo general con matanzas y conflictos de proporciones colosales en los que la mortalidad ofrece cifras siempre  abrumadoras. Mao Zedong también fue un dirigente que supo mantener la tensión política en los niveles  que aseguraban, cuando no la lealtad de la mayoría de la población, si al menos su no beligerancia. Por eso, cuando en la década de 1970 auspició una campaña para construir refugios antiaéreos ante el temor de un ataque nuclear (no se sabe si de EEUU o Rusia, o ambos a la vez) poco podía imaginar que los operarios de un lejano pueblo en la provincia sureña de Hunan iban a desenterrar un testimonio del pasado mas remoto de China; casi dos mil quinientos años en el tiempo. 


Cajitas de jade con cosméticos
 
Reconstrucción por ordenador de la Señora Day. Museo Provincial de Hunan
Reconstrucción por ordenador de la Señora Day. Museo Provincial de Hunan


Escaneo de la momia


     Excavando en una de las colinas próximas a la ciudad los trabajadores se dieron cuenta de la inestabilidad el terreno, de forma que, cuando parte de este se hundió, se alejaron alarmados. Al desmoronarse el nivel del suelo apareció un misterioso orificio que empezó a vomitar una suerte de chisporroteo que pronto se torno en llamaradas azules, descritas como "fuego fantasma".  Tras reportar el incidente a las autoridades, estas, al parecer familiarizadas ya con el fenómeno, frecuente en la zona, enviaron a un grupo de arqueólogos. Cuando el material orgánico se descompone en un recinto cerrado produce gases tóxicos y algunos, al entrar en contacto con la atmósfera, se hace altamente inflamables, lo que justificaría las llamaradas, a la vista de que buena parte de los trabajadores fumaba. Los arqueólogos sabían que en aquella zona abundaban enterramientos que abarcaban desde el llamado periodo de Los Reinos Combatientes (Siglo V Ac) hasta los mas recientes de la Dinastía Ming (1368-1644), aunque la mayoría de las tumbas había sido saqueada y el resultado académico obtenido era mínimo. No obstante esta tumba prometía algo distinto. En efecto, durante varios meses 1.500 estudiantes se fueron alternando en una delicada operación hasta que alcanzados los 15 metros de profundidad encontraron bajo una capa de carbón tres ataúdes pertenecientes a Li Cang, un noble señor; su mujer a la que debido al estado de conservación de su cadáver llamaron Señora Day o Lady Day y que daría nombre al hito arqueológico, y un tercer féretro, probablemente perteneciente a uno de sus hijos. Los restos se datan como del siglo II Ac. La peculiaridad de este hallazgo reside en el hecho de que la señora Day fue enterrada con más de mil objetos cotidianos. Su delicadeza, variedad y tipología permiten sugerir que la dama en cuestión pensaba llevar una vida más allá de la muerte, igual de amable al menos que la mantenida en su condición de dama noble. La momificación del cadáver de Lady Day fue debido quizá al perfecto sellado del ataúd de laca que contenía sus restos, y también a que este, a su vez, fuera depositado dentro de otros tres ataúdes, también lacados y de tamaños  tales que permitían el encaje de uno dentro del otro. Todo este conjunto fue sepultado bajo la tumba de su marido y la de su hijo. 
   
     Aunque el resultado final, a la vista de las imágenes, no presenta un porte agraciado debido al rápido deterioro en su contacto con el aire, la labor de reconstrucción realizada -no sabemos con cuanto acierto- permite hacernos una idea del cuerpo de  Lady Day en vida. Lo cual, si se nos permite, hace más chocante el cruce de imágenes. Sus restos fueron sometidos incluso a un examen ginecológico y la autopsia determinó que su muerte se produjo en torno a los 55 años; sufría diabetes, presión alta y alguna enfermedad hepática. Lady Day sobrevivió 20 años a su marido cuyo ataúd, así como el de su hijo,  sufrieron sendos saqueos. Uno de los restos encontrados en el ataúd de su hijo es un libro para tratar la impotencia con numerosas recetas médicas.

     El ajuar de la señora Day incluye un peine, con restos de cabello, varias cajitas de laca, unos mitones de seda, bolsistas perfumadas, palillos, cuencos, un vestido de seda con bordados en oro, estatuillas de músicos, etc.