Paraguay; la guerra del fin del mundo. Un genocidio del siglo XIX. El país sin hombres.


Francisco Solano el Nerón del siglo XX. Caricatura prensa brasileña








Paraguay, historia de un país

Primera Parte



Esta es la historia de un país del que hay gente que no sabe si existe. Unos lo hacen en África e incluso piensan que es una isla del Océano Indico. Otros creen que sólo es una fruta. Otros, lo confunden con su vecino Uruguay. Aún hay otros que lo ven mas bien como río. Nosotros sí sabemos donde está Paraguay. Sabemos que no tiene mar, aunque tenga ríos que se lo parezcan. Sabemos también que uno de sus mayores tesoros es la energía eléctrica que produce,  la que hasta hace bien poco era la presa más grande del mundo, la de Itapú. Que tuvo un presidente que fue Arzobispo en excedencia, y al que se le suponen varios hijos, pero lo que no sabíamos es que en el siglo XIX estuvo a punto de desaparecer como país. Sufrió un espantoso conflicto que proporcionalmente no tiene nada que envidiar al exterminio del pueblo camboyano, ni al genocidio ruandés. Hablamos de la gran guerra, un aniquilador conflicto que le enfrentó, sólo, contra Argentina, Brasil y Uruguay...... Perdió. Claro. Nos acompaña una foto del siglo XIX; se trata de un niño soldado paraguayo hecho prisionero.



     A aquellos que disfrutan con el anecdotario de la historia les gustaría creer que las últimas condecoraciones que entregara el dictador paraguayo Francisco  Solano López, estaban hechas con los restos de una bandera española. Las entregó en el Cerro de Corá, días  antes de perecer tras una guerra que no podía ganar y que había durado cinco años. Le acompañaban 400 hombres, el resto de su ejercito, y los últimos cargos de la República de Paraguay: el Vicepresidente, el Ministro de la Guerra, algunos oficiales, su mujer (la controvertida Madame Lynch) y su hijo de 17 años, nombrado coronel por su padre. Llevaban seis meses de marcha huyendo de los brasileños, resueltos estos a acabar de una vez por todas con una guerra que les había costado decenas de miles de muertos: 150.000 al parecer,  y una fustración tras otra. Sobre todo tras su entrada en Asunción (capital del país) donde supuestamente esperaban terminar la guerra. No habría cuartel ni rendición posible, irían a degüello.


Paraguay, los desastres de la guerra
Los desastres de la Guerra. Restos de soldados paraguayos


     Esto podría ser una historia de héroes y villanos pero no es tan sencillo. Siempre que hay una guerra de por medio, y digo siempre, la verdad, si es que existe, hay que buscarla en un terreno intelectivo neutral. La gestación de Paraguay como país fue dolorosa; todos los procesos de independencia lo son. Encajonado entre dos naciones con vocación de liderazgo como Argentina y Brasil, a los que fue útil mientras no estableciera disputa con ninguno de ellos. La intervención de Paraguay en el diseño de la nación uruguaya, las audaces incursiones en territorio brasileño y las maniobras tras este escenario de la potencia de turno, Gran Bretaña, además de una percepción bastante errónea de la capacidad del país por parte del caudillo de turno, en este caso Francisco Solano López a la sazón presidente dictador de Paraguay, determinaran que este territorio se enfrentara él sólo a Brasil, Argentina y Uruguay, pensando que podría salir victorioso

Francisco Solano López. Llevó a su país a una guerra de cinco años

     El primer presidente cónsul de Paraguay se apellidaba Francia, su nombre completo era José Gaspar Rodriguez de Francia. Se sentía heredero biológico del país galo, pero no lo era, su padre era brasileño y no francés, sólo fue un autócrata que se decía inspirado por Robespierre, pero más próximo en sus obras al ideal social de los jesuitas que al burgués y anticlerical movimiento del siglo XVIII en Europa. Aun así gustaba ser llamado cónsul. Fue seminarista y practicó una política anticlerical, aisló el país de tal manera que nadie podía salir de él, aunque sí entrar. Las clases populares lo adoraban, pero practicaba una dictadura feroz. Sus escasos paseos por las calles de Asunción exigían que los viandantes se detuvieran y le dieran la espalda por motivos de seguridad. Mestizos y la aristocracia colonial eran sus declarados enemigos. Los textos mas benevolentes le hacen solo responsable de la muerte de 40 personas, dicen que en un escenario exterior mucho más violento,  pero no pueden silenciar la practica habitual de la tortura en la que se ha dado en llamar la “Cámara de la verdad ; una sórdida y terrible estancia en la que, el “cónsul”, hacía picadillo las espaldas de sus opositores merced a unos látigos de vergas de toro, conveniente preparados para causar el mayor daño en el mayor tiempo posible. Y por si este tormento atroz no era suficiente, sus secuaces acariciaban aquellas espaldas y nalgas ulceradas con un hisopo mojado en salmuera para que el dolor llegara a su paroxismo y sus desdichadas victimas se derrumbaran colapsadas. Este teólogo renegado que había jurado vengarse de las clases linajudas de Asunción a causa de alguna aspiración sentimental fracasada, acabó con la mayoría de los perros silvestres de la capital del país sólo porque uno de aquellos canes había osado ladrar a su caballo. 




José Gaspar Rodriguez de Francia


     Eso sí, Francia jamás se enriqueció con su cargo, tal y como lo haría su sucesor, Carlos Antonio Lopez, un abogado sin escrúpulos religiosos ni políticos. Se enriqueció cuanto pudo hasta el extremo de convertirse en el mayor propietario de tierras del país. Fue autor, creemos, de una curiosa ley; “la del utero libre” que  es el nombre de un código que hacia libres a los hijos de esclavos engendrados en tierra paraguaya. Carlos Antonio Lopez sabia muy bien cuál era el papel destinado a su país y previno a su hijo, Francisco Solano López, de aventuras exteriores. Dejaba un país con una buena posición económica aunque al socaire del los vientos dominantes del libre comercio. 

Mujer paraguaya dando sepultura a sus hijos


     A Francisco Solano López, hijo de Antonio López,  se le conoció como mariscal, y jefe supremo de la nación paraguaya. Dirigió el país hacia el abismo de su extinción, por eso se le juzgo con severidad. Unos vieron en él a un déspota, otros le juzgaron con más benevolencia y le consideran un héroe trágico y romantico. Sea como fuere escondía una personalidad compleja. Por la patria, eso decía, mandó torturar a su madre y fusiló a su hermana. Inició una guerra que no podía ganar y llevó a su país al limite de la extinción física real. Tuvo, eso sí, la habilidad de presentar su causa como la de un pequeño país agredido por fuerzas desproporcionadas lo cual le granjeó la simpatía de los Estados Unidos  y buena parte de las repúblicas iberoamericanas. De hecho, el dictador boliviano Melgarejo, le prometió 100.000 hombres para defender la capital Asunción del agresor brasileño y argentino. No hubo nada de esto y se encontró sólo al mando de un ejercito que marchaba descalzo y acabó por comerse las correas del armamento, pero que tenía un valor fuera de toda duda y al que sus enemigos rendían honores militares por su bravía y coraje.










Paraguay. El país de las madres solteras (Parte Segunda)