Faustino I. El Emperador "negrista". Reyes y Emperadores en El Caribe ( III y último)


Faustino I de Haití


En realidad el poder político y económico en Haití siempre ha estado en poder de los mulatos, ya se sabe,  una mezcla de blancos y negros. Aunque todos sus emperadores y reyes fueron negros. Faustino I, de nombre Faustin Elie Soulouque, también fue negro, y el propósito de su fugaz Imperio fue el de restablecer los derechos de la mayoría negra sobre los mulatos. Aunque estos claro, no lo sabían. Fue pues un emperador negrista, aupado por consenso al poder por la clase política mulata que fiaba de su escasa instrucción; hombre iracundo y de escaso seso. Su primera reacción fue un acceso de colera, pues pensaba que se estaban riendo de él. Pronto se rebeló contra ese cargo títere que, no sin razón, pensó se le había asignado. Para ello decidió exterminar a sus mentores, cosa que hizo con ayuda de su cuerpo de choque: los Zinglings. Una especie de precursores de los temidos Tontons-Macoutes, que al servicio de ese feroz Duvalier (François Duvalier, un déspota responsable del asesinato de más de 30.000 personas y que gobernó Haití desde 1957 a 1971. Le sucedió su hijo Jean-Claude Duvalier de la misma ralea que el padre  ) se encargaban de alimentar a los tiburones del  Caribe con carne humana.



     Ejerció una feroz dictadura durante dos años. Continuando la agresiva política hacia sus vecinos  de la República Dominicana, cuya identidad nacional y animadversión hacia Haití curiosamente contribuyó a crear (los haitianos habían prohibido el uso del español, la religión católica y otras costumbres en esta parte de la Isla). De hecho, Pedro Santana, primer Presidente de la República Dominicana, llegó prácticamente a solicitar la reversión de la independencia del país. La parte oriental de la Isla La Española, la que es la actual República Dominicana,  había intentado separarse en diversas ocasiones de Haití. Ante la presión de sus vecinos, Santana pidió primero el protectorado de España y más adelante, directamente la anexión (reanexión)  a la antigua metrópoli. 

     Faustino I regresó derrotado de su aventura dominicana en el año 1849. En realidad le engañaron desde un principio, pensaba que su ejercito estaba formado por unos 30.000 hombres. Una cifra absolutamente inconmensurable para un hombre iletrado como él, en realidad nunca dispuso de más de 10.000. Creyó conveniente hacer pasar por victoria una derrota vergonzante, tanto mas cuanto que, al parecer, fue el resultado de una hábil estratagema de los dominicanos (estos hicieron sonar las trompetas de retirada en la retaguardia del ejército haitiano) y de la absoluta capacidad de su ejercito para operar como tal. Para conmemorar semejante acontecimiento se hizo coronar Emperador. Todo ello precedido de un solemne Te deum en la catedral de Port-au-Prince donde se ocupó de anunciar al pueblo y al mundo su inexistente conquista, tras ordenar fusilar a todos los generales ausentes a la ceremonia.
    A partir de aquí la borrachera de poder de un dictador vitalicio de 65 años tomó una deriva ridícula, y si cabe, más cruel. La ceremonia de coronación vino seguida de 8 días de festejos en los que la corona de cartón dorado, con la que se había hecho entronizar, quedó destrozada. No así el cetro, para el que uso una pieza de madera de ébano que le ayudó a articular con gran energía los pormenores de su primer mensaje como tal emperador: viva la igualdad. Dijo el hombre. Aunque bien es verdad que su proposito redentor ni si siquiera fue valorado por Carlos Marx, que lo utilizó, y muy brevemente, como modelo de déspota en una carta dirigida a Engels.

     Tomó como referente nacional esa corte de las alturas de Henri I, pero sin el propósito regeneracionista de éste, y como alter ego la de la corte francesa, cuya nobleza  vinculaba sus títulos y linaje  al gentilicio de su lugar de origen. La improvisación y la ignorancia convirtió en este sentido la corte de Faustino I en una suerte de despropósitos: el Duc de Dondon, el Barón de Sale-Trou o el Comte de Numero Deux, que traducidos vienen mas o menos a significar el Duque de las Mejillas Rojas, el Barón del Agujero sucio o el Conde Número Dos. Creó también con ocasión de su coronación; la Orden de la Consagración cuya divisa era más o menos esta: “es mía en propiedad”. 

Coronación de Faustino I


     Faustino I no era una ejemplo de locuacidad, como se ve. Probablemente su falta de soltura en el uso  de la palabra le llevó a convocar un concurso con el fin de cubrir todas plazas de la futura Real Academia de la Lengua Haitiana, que pensaba crear. La presencia de más de 3500 candidatos hizo precisa una prueba de selección con el fin de determinar la competencia de los aspirantes. A tal efecto, se elaboró un breve cuestionario; deberían de escribir correctamente la palabra citron (limón)  Sólo  39 personas lo hicieron correctamente, (la mayoría se decantó por sitron por perversión fonética) de forma que; la Academia Haitiana de la Lengua quedó formada por éste numero de académicos: 39; los unicos que habían escrito citron correctamente. Había sin embargo un  problema ¿Quién presidiría a aquel grupo de ilustrados? La prensa de la época sostiene que consultado el emperador se consideró capaz de presidir la Academia él mismo. Para lo cual, y por propia iniciativa, pensando que no podía ser menos que sus súbditos escribió con dificultad la respuesta a la pregunta, decidiéndose por xitron. Sería por ello nombrado  Secretario Perpetuo de la Academia Haitiana (revista el Museo Universal. Número 2), a petición del resto de los académicos que aplaudieron a rabiar. 

     También elaboró una Constitución. Un autentico pandemónium. Se inspiraba la misma en el derecho divino, en el constitucional y en el republicano. Pero sobre todo en la ley del puño, esa que consiste en aporrear violentamente una superficie y que, a la postre, se convirtió en la máxima inspiradora de los desafueros de Faustino. Pretende erigirse en la cabeza visible de la Iglesia en Haití, de la misma manera que el Zar de Rusia (al que llama primo) lo es de la de  su Imperio. Como quiera que ello no es posible, pues la mayoría de la población es catolica, empieza a fomentar creencias animistas conservadas en la isla y traidas desde África por los antiguos esclavos: el vudú. De esta manera Faustino I se convertirá en el Supremo Pontífice de un animismo sincretizado con las creencias catolicas y que, años después, bajo la dictadura de los Duvalier acabaría por convertirse en la religión oficial de Haití

     Para mantener la tensión escénica entre los suyos, regularmente hacia fusilar a alguno de sus ministros, consejeros o afines. Puede decirse también que fue el iniciador de la Marina de Guerra haitiana. Construyó tres o cuatro fragatas al mando de las cuales colocó a oficiales de tierra, y las cargó con tal número de cañones que a punto estuvo de hacerlas zozobrar. Con barcos de estas características pretendía neutralizar los puertos de la Republica Dominicana, además de hacer algún que otro alarde ante los Estados Unidos.

El régimen de esclavitud en  Haití generó una revolución muy violenta


     Faustino I guardaba un recuerdo amargo de su coronación. Había acuñado suficientes riquezas como para elaborar una autentica corona de piedras preciosas y en 1852 repitió la operación. Por lo visto fue el único Emperador en la historia que se coronó como tal dos veces. Esta vez la pompa fue extraordinaria. Hasta en un semanario de la época aparecía una pequeña reseña sobre los gustos de la consorte, que siendo del tamaño de un tambor mayor, gustaba de arrastrar por el suelo los trajes confeccionados para la coronación. Para tal fin se elaboraron una docena de telas, enriquecidas con encajes de oro y plata en el taller de madame Duguet en París. Estos encajes se mostraron a la sazón extremadamente incómodos, toda vez que fueron utilizados durante la ceremonia, sobre todo por los más jóvenes, como servilletas. A la vista de las temperaturas del trópico no queremos ni imaginarnos el peso de estas piezas sobre los cuerpos sudorosos. 

Faustino I y la Emperatriz Adelina
Faustino I y la Emperatriz, Adelina


     El Emperador tenía una debilidad: sus soldados. En esto se parecía al rey de Prusia Federico Guillermo I, el cual los tenia en tan alta estima por su marcialidad y buena presencia que se negaba a hacerlos entrar en combate. Faustino I se mostraba muy satisfecho de sus batallones “tricolores”, unidades llamadas así por estar formadas de blancos, negros y mulatos. Había encargado la uniformidad completa de su batallón de la guardia a unos talleres sitos en Gran Bretaña, incluido armamento y condecoraciones. Como buena parte de su corte era analfabeta, por no decir la totalidad de sus soldados, nadie reparó, excepto un comerciante francés, en que varias de las chapas que lucían en su sombrero los gastadores de “la guardia” conservaban acuñada la huella de su primitivo uso: "sardinas en aceite. Barton y Cía."  Su analfabetismo no excusaba que sus oficiales fueran, entre otros, los responsables de uno de los grandes males que padece este país: su absoluta falta de árboles. Esquilmaron su riqueza vegetal, utilizando sin reparo alguno a sus soldados como mano de obra





     Faustino I y su familia, al igual que Duvalier junior, obtuvieron refugio en  territorios franceses cuando fueron depuestos.




Reyes y Emperadores en El Caribe consta de tres entradas