Moda y Ropa Interior de las cortesanas de Venecia.

La dama que descubre el pecho. TintorettoVeronica Franco. Cortesana y amante del pintor
La dama que descubre el pecho. Tintoretto


Las cortesanas de Venecia



Durante el siglo XVII Venecia se deslizaba suave e inexorablemente hacia su decadencia. El último acontecimiento bélico de importancia en el que participó como República independiente, fue la batalla de Lepanto. Durante un par de cientos de años la ciudad ostentó el indiscutible título de perla de occidente. No había otra igual en todo el orbe cristiano en cuanto a esplendor. Pero más allá de las grandes palabras, en la Península Italiana, Venecia mantenía una disputa mucho más prosaica con Roma. No era un conflicto armado, ni una discordia territorial, ni una lucha de familias, se trataba más bien de una cuestión censal. En efecto, aún hoy no sabemos cuál de las dos ciudades tenía mayor cantidad de cortesanas. Algunos autores (Jan Morris. “El mundo de Venecia”), sostienen que la ciudad de las lagunas tenía 2.500 monjas, pero más de once mil mujeres adscritas de una u otra manera al ejercicio de la prostitución.



En esta lámina se hace difícil distinguir a la meretriz de la dogaresa (la consorte del Dux o magistrado supremo de la República de Venecia) La cortesana es la de la izquierda

     Todo esto determinaría que el llamado “Consejo de los Diez”, autentico poder en la sombra de la ciudad, estableciera leyes represivas para el ejercicio de la prostitución. Estas, y en particular las llamadas cortesanas, solo podía hacer vida pública los sábados si no querían exponer sus espaldas al castigo de azotes. Las cortesanas ocupaban en el escalafón de la prostitución el nivel más elevado, hasta el punto de que para los forasteros era difícil distinguir el porte de una dama de la nobleza local de estas llamadas también “cortigiane onestas”


Cortesana+en+traje+de+paseo



Las Leyes para limitar el ejercicio de la prostitución en Venecia obligaban a muchas cortesanas a cubrise de forma decorosa, tal y como se observa en esta lámina de Divsersarum Natium Habitus. Bajo ese manto, sin embargo, podía ocultarse un prodigioso despliegue de joyas y sedas.












      










    Quizás con la intención de marcar estos límites entre la honorabilidad de cuna y la de cama, las mujeres de las grandes familias de la ciudad, solian pasear sobre las formidables peanas de los chopines, esto es, unos chanclos con una plataforma monumental que hacia la marcha tan complicada y torpe que debían de hacerse acompañar por dos damas. Solo esto las significaba como gentildonna, frente al resto de mujeres ataviadas con la misma prodigalidad y lujo, lo que en Venecia no necesariamente era sinonimo de alcurnia. 

Muchas cortesanas alcanzaron un alto nivel intelectual. Sus casas se convirtieron en auténticos templos en los que la poesía, la música y demás artes formaban parte de los servicios proporcionados por las mismas. En esta lámina se observa a una cortesana cubierta con una bata de pieles, utilizada en los fríos y húmedos inviernos de Venecia. Forradas de raso, garduña, marta o moaré. Bajo esta pieza algunas llevaban una falda de seda y utilizaban velos a modo de cinturón


       Las cortesanas de Venecia eran la aristocracia de este oficio y algunas de ellas destacaron incluso entre las llamadas artes nobles, como la poesía, sea el caso de Verónica Franco (1546-1591) que pasó de ejercer la prostirución junto a su madre por dos miserables monedas (dos scudi) a recibir en su salón al futuro rey de Francia, Enrique III. Publicó incluso una especie de Hoja de ruta de la prostitución veneciana, con nombres, direcciones y tarifas de las mejores profesionales, llamado “Il catalogo di tutte le piu principale et honorate cortigiane di Venecia”


Moda y Ropa Interior de las cortesanas de Venecia.
Esta imagen puede considerarse como una de las inocentes picardias de la época. La falda está unidad al resto del dibujo por un gozne, lo que permite retirar esta pieza para dejar al descubierto la ropa interior y los formidables chapines sobre los que descansa nuestro personaje.

     Muchas de estas cortesanas posaron como modelos mitológicos en los cuadros de Tiziano, Veronés o Tintoretto (Este último utilizó a Verónica Franco como modelo para la dama que descubre el seno). Sus bustos fueron utilizados como inspiración para representar personajes bíblicos, como es el caso de María Magdalena. Ese alter ego, divisa de la redención de las mujeres públicas. Podemos rastrear sus iconos por el característico teñido rubio de los cabellos, trenzados por detrás y levantados por delante, formando como una especie de cuernecillos en la parte frontal de la cabeza. También por los collares de perlas en sus cuellos, testimonios estos de los generosos regalos de los que eran objeto. Si bien esta maqueta estética se puede hacer extensible al resto de damas venecianas.


Otra lámina, en este caso del ilustrador Vecellio, en la que se observa con claridad el modelo tipo de cortesana. Forma del peinado, collar de perlas y banderita que parecía ejercer las funciones de abanico

     Una norma contra el lujo en la República las llegó a prohibir la ostentación pública de collares, anillos y todo tipo de joyas. Algunas iban provistas de un cinturón, del cual, y dentro de una vaina, llevaban suspendido un cuchillo de cocina. Una prenda simbólica en la época y que señalaba el campo donde la mujer ejercía su autoridad,  esto es: el hogar.


Moda y Ropa Interior de las cortesanas de Venecia.
Gentildonna. Moda y ropa interior de las cortesanas de Venecia


     Venecia llegó a contar con más de once mil mujeres públicas y la mayoría de ellas no eran cortesanas; ejercían su oficio en unas condiciones miserables. Cuarenta mil marineros, 16.000 trabajadores en el Arsenal y más de 3.300 barcos al año en su puerto, constituían, entre otros, su variada clientela. Aunque no era en absoluto frecuente, Cornelia Griffo, una meretriz, conseguiría casarse con un patricio de la ciudad en la Iglesia de San Giovanni in Torcello.  
  
     Los venecianos llamaron a las primeras cortesanas nostre benemeriti meretrice, y durante el siglo XIV las proporcionaron incluso alojamiento gratuito en los límites de la ciudad, en las llamadas case rampane. Muchas de ellas fueron reclutadas para aliviar las agresiones que sufrían las mujeres locales. Acabaron por ser recluidas en el primer barrio rojo de Europa, el Rialto, el único en el que podían ejercer su oficio. Durante el siglo XVI el Gobierno de la ciudad toleró en los numerosos recovecos de las callejas de la ciudad, pese a la rabiosa oposición de la Iglesia, la exhibición pública del torso y de las piernas desnudas de las meretrices, con el fin, entre otros,  de limitar la difusión de las relaciones contra-natura (homosexualidad) que estaban castigadas con la hoguera.