Los Pañales. Una aproximación a su Historia ( I ).

Pañales. El mundo de los culitos escocidos


Los pañales. Una aproximacion a su historia

¿Cuánto cuesta en España una bolsa de pañales: diez, quince , veinte euros? ¿Cuánto le dura? ¿Una vez usado dónde lo depositamos? ¿Es material reciclable. Orgánico? ¿Debemos limpiar el pañal de su contenido y depositar este en el recipiente del orgánico y el pañal en el de reciclados?..........O mejor aún, ya que lo hemos limpiado por qué no reutilizarlo.  No es un disparate, si retrocedemos en el tiempo, encontramos que los pañales de tela se tendía con buena parte de sus restos orgánicos sin eliminar y se volvían a colocar una vez secos, y a veces sin lavar. Afortunadamente, en el siglo XX, esa es una imagen en retirada. Quizás, muchos de nosotros conservamos en la memoria la imagen de los pañales tendidos junto a aquellos compañeros de fatiga que eran los trapitos higiénicos. Lienzos de precaución los llamaban, y  los utilizaban las mujeres antes de que las compresas los arrumbaran al almacén de incomodidades de la historia y que, por sí solos, merecen capítulo aparte….Ya veremos.  
     Hemos intentando rastrear la trayectoria del pañal a lo largo del tiempo y os hemos de confesar que íbamos  camino del fracaso, porque el pañal, que hasta hace bien poco estaba vinculado a la infancia, ha perdido su referente natural. En efecto, los pacientes de Alzheimer  se han convertido, y seguramente a su pesar, en sólida competencia, ya que consumen una media de 1000 pañales al año lo que les convierte en una fiero candidato a destronar al infante mayor de 10 meses. Sin  desdeñar tampoco al anciano perezoso y friolero que no quiere levantarse a media noche ni interrumpir su sueño para hacer “pipi”. Tal parece que el modismo “quedarse en pañales”,  que a nuestro parecer remite a un estado de mayúscula indefinición, alcanza ahora su expresión más notable al aludir por igual a la infancia y la vejez.

Calzoncillo egipcio. Museo de Boston
Calzoncillo egipcio. Museo de Boston
     Decíamos que antes de  que estos advenedizos ancianetes enrarecieran el mercado del pañal, la prenda estaba unida a la infancia. Pero la historia, amigos, esa crónica que, a decir de algunos, es la narración de personajes que “cagan mármol”, ha sido bien cicatera con los niños, que son los grandes desconocidos de nuestro pasado . Sólo la providencia nos ha guiado, y esto hay que entenderlo literalmente, toda vez que nuestro primer encuentro con este supuesto protopañal fue el utilizado por el Niño Jesús; de ahí la Providencia. El Niño Jesús ha sido el infante más famoso de la historia, y por eso, ha sido representado pródigamente tanto  en pintura como escultura cubierto de esa braguita que todos reconocemos. Y esto no es cualquier cosa, porque aunque fuera el hijo de Dios, como hombre, obligaba a su Santa Madre, la Virgen María a lavar la tela con cierta frecuencia. En su huida a Egipto, cuenta la tradición, se detuvieron la Virgen,  el Niño y San José en la ciudad egipcia de Ermopoli para lavar los pañales, entre otras cosas. De esta forma se convirtió la fuente en cuestión en lugar de peregrinación. Dicen que acaso esos pañales se conserven en el Arca Santa de la catedral de Oviedo, entre otras piezas sagradas, lo que ya es un prodigio de durabilidad que no debe de extrañarnos, visto que el museo Petrie, en Londres, conserva auténticos calzoncillos del antiguo Egipto.
     Moisés nos hace dudar un poco ¿Se ocuparía su madre de proporcionarle una canastilla? Tal y como parece hacían en Roma al abandonar a sus hijos junto a la llamada columna lactaria, el lugar en el que los romanos abandonaban a su hijos y  que se encontraba próxima al teatro Marcelo, a escasos quinientos metros del Capitolio. Qué detalle, visto el destino de muchas de aquellas criaturas: esclavizadas, maltratadas sometidas a las mas variadas sevicias. En Roma, como en Grecia, la absoluta ignorancia, no ya de los derechos de la infancia, sino de la infancia misma, nutrió de esclavos la ciudad y también los lechos de muchos adultos, transmitiendo a veces a la posteridad una falsa imagen de consentida y gozosa homosexualidad cuando en realidad se trataba mas bien de puro y duro abuso del menor o adolescente; pedofilia la llaman ahora. En Roma, por ejemplo, un padre podía vender a sus hijos e incluso matarlos sin temor alguno a la ley. Deberían de haber tomado ejemplo del coraje maternal de Rea, madre de Zeus, y esposa de Crono, el cual, tenía la fea costumbre de devorar a todos sus hijos. Unos pañales en los que Rea había envuelto una piedra le hicieron pensar a Crono que devoraba al último de sus hijos: Zeus, con lo que este salvó la vida. Será por el recuerdo de esta gesta materno- mitológica por lo que Robert Graves afirmaba que en Grecia era común que se tejiera en los pañales una marca identificaba del clan al que pertenecía el bebe. Y ello, claro, obviando  a Esparta donde ni remotamente habrían considerado el uso de estas prendas que, por lo demás, y no les faltaba razón, deformaban las piernas porque no se cambiaban con la frecuencia que el buen sentido aconsejaba. Otro griego, Estrabón refiere el enfajamiento de los niños iberos, a los que sus corajudas madres habían previamente bañado en el río y a los que depositaban en la proximidad de la corriente mientras ellas seguían trabajando. Por eso pensamos que la historia de la humanidad se puede reducir a dos grandes males que han sobrevivido hasta nuestros días; los dolores de tripa por el consumo de agua o alimentos contaminados, y por los culitos escocidos de innumerables generaciones de niños a los que no se les cuidaba como es debido.

Lavando pañales
     Por eso sorprende, visto el trato que se dispensaba a las criaturas en el pasado, que la especie humana haya podido sobrevivir. Nuestros antepasados veían a los niños como bichos raros, seres enloquecidos incapaces de someterse a la razón y el buen juicio, que gateaban como animales, lloraban permanentemente y olían a heces, incluso podían llegar a lastimarse muy severamente, vista su absoluta falta de entendimiento...